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| 2024-09-16 |
Son las siete de la tarde y estoy en el Panino Silvestre tomándome un café. Cuando he vuelto del trabajo, ver a Eli al pasar la puerta de casa me ha producido una mezcla de nausea y furia que me sobrepasaba. He cambiado el portátil del trabajo por el mío en la mochila, la he vuelto a coger, y he cogido la puerta sin mediar palabra.
Sigo sin saber qué hacer. Una parte de mi se muere porque sea Eli quien haga algo. Que por una vez sea ella quien coja las riendas de este tipo de situación y venga con la disculpa por delante. En lugar de simplemente quedárseme mirando con ojos de cordero degollado, expectante a ver si amaina la tormenta. Cuando hace esto me recuerda el idiota del Artés, y el simple paralelismo me pone todavía de más mala hostia. Me dan ganas de darle dos bofetadas y gritarle: ESPABILA COÑO, A QUÉ ESPERAS.
Anoche me costo horrores no irme a por un paquete de tabaco y uno de cervezas. Acabé encontrado fuerzas en que no le haría ningún favor a Kangoo volviéndome a tirar al vicio. Y ella no se merece pagar por las movidas de sus padres, ni por mis debilidades. Con esta idea en la cabeza, las ganas se han desvanecido y no queda ningún rastro del antojo.