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2024-03-10 20:43:18 +01:00

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fecha
2024-03-10

Hoy Eli ha corrido su segunda maratón. La ha hecho espléndidamente, batiendo su record personal, disfrutando y sin hacerse daño. He conseguido verla en Marina, hacerle una foto y chocarle los cinco en un gesto ágil y elegante. Veremos cómo sale la foto cuando revele el carrete.

Me gusta la maratón. Correr cuarenta y dos kilómetros es un objetivo bastante bizarro e inproductivo. Pero ver a miles de personas haciendo algo difícil para lo que llevan meses preparándose tiene una cierta belleza. Y ver a la gente animando y contagiándose de la épica individual de cada uno también es bonito. Yo, sin embargo, nunca arranco a animar a nadie. No sé por qué, pero no me sale. Supongo que me siento gilipollas dirigiéndome a desconocidos porque sí. El catalán que llevo dentro.

Moviéndome entre punto y punto del circuito para ver a Eli varias veces, he hecho un montón de pirulas con la moto. Desde que estuve en Tailandia, no puedo evitar sentirme imbécil cuando estoy parado en un semáforo en rojo desde el que puedo ver claramente que no vienen nadie por ninguna parte y que puedo tirar con seguridad absoluta.

Últimante estoy un poco raro. No estoy muy contento. Hay algo en la cabeza que no me esta cuadrando. Uno de esos episodios que me cogen cada cuatro o cinco años. Me cuesta describirlo. Es como que no sé hacer algo que no sea trabajar. Donde trabajar engloba, trabajar para Superhog, trabajar para BBO, trabajar para Lombra, organizar mi infrastructura personal, formarme, leer ensayos de economía. En cuanto me salgo de ganar dinero, hacerme soberano o fomentar el mercado negro, no queda nada. Me cuesta leer ficción por diversión, hace siglos que no toco un videojuego, nunca llamo a amigos para tomar una caña. Los únicos momentos en que me relajo es cuando me fumo un leño que me dejo doblado, y durante una horita puedo centrarme en escuchar música, comer chocolate y lijarme la pija.

Y de alguna forma, esto esta haciendo que le coja tirria al trabajo. Cualquier cosa que huela a obligación me da alergia repentinamente. Hace tres semanas que el pobre Afonso me pidió si le podía escribir una recomendación en LinkedIn y todavía lo tengo ahí plantado.

Pero, lo dicho: no soy capaz de hacer otras cosas. Porque siempre veo el trabajo como más importante. Siempre pienso: "He de construir el gremio para salvar esta puta ciudad del estado". "He de estudiar esto y lo otro para seguir siendo competitivo en mi campo". "He de hacer mi contabilidad, y la de camisatoshi, y la de BBO, y la de Lombra".

Y creo que ahí están los dos ingredientes del molotov: trabajar sin parar me quema y me hace tener repulsión hacia el trabajo, pero veo mi trabajo como más importante que cualquier otra cosa, y no me permito ni me perdono hacer cosas mundanas.

Lo jodido es que mi trabajo es realmente importante para mí. No puedo dedicarme a hablar de las uñas de Belén Esteban sabiendo que puedo estar montando una agrupación cripto anarquista. No puedo gastar una sobremesa debatiendo si Marta Caparrós es mala persona o no por no hacer más que mirarse el ombligo, cuando podría estar modelando mi siguiente apuesta en el ataque especulativo.

En el fondo, estoy tranquilo. This too shall pass.

Pero en lo que hay encima del fondo, estoy un poco hasta los huevos. Ver tantas cosas al alcance de mi mano, pero escapándoseme entre los dedos, me hace arder la sangre. Tanta grandeza a tiro y tan poco tiempo.