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@ -42,20 +42,15 @@ Para mi:
* Una comission a Pepeangelo con el catalan y su espejo reflejando al monstruo fiat
Para Eli:
* Una cocotte de Le Creuset (o la barata Overmont)
* El libro de principios de Economía de Saifedean en Español: https://www.amazon.es/dp/9916723532?ref_=cm_sw_r_mwn_dp_TVBNM066NMK4ZBGTJ1ZF&language=en_US
* Unas bambas güenas para correr y una carrera chula conmigo
* Airsoft/Paintball
* Chuleteros/Arcos
* https://www.amazon.es/-/en/Arcos-Table-Knives-Stainless-Compressed/dp/B017DLL28W/
* https://www.amazon.es/Arcos-Set-Meat-Knives-Filleting/dp/B005LR73R0
* Un pastel de queso gigante de tartas pastor
* Un casco azul
* Unas mtng barefoot (o normales) de color negro
* Retrovisor para su bicicleta: https://www.decathlon.es/es/p/retrovisor-de-bicicleta-100/_/R-p-512?mc=8158024
* Una camiseta o bikini con el ojo turco
* Una navajita
* Ir a sigean
* Una carrera de 10K juntos
* Un tendedero nuevo
Para Sofía:

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el-salvador-trip/notes.md Normal file
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@ -0,0 +1,32 @@
Pre-departure checks:
- Arrange saily
- [X] Send money to bunq and revolut
- [X] Add cards to google play
- [X] Fill LNBits and also CoinOS as backup
- [X] Receive instructions from Julio
- [X] Offline Google Maps data
- [ ] Bisq trades finished
- [ ] Add Galoy gmail to blue pixel
- [X] Confirm if I need to ask for anything to access Volcano office
Stuff I should not forget
- Id and passport
- Framie, both phones, two chargers, power adapters, power bank, mouse, headphones (and their charger)
- Backup yubikey
- Colki
- RACC Card
- Water bottle and umbrella
- Nail clippers, hair comb
- Dormidina
- Scan of my passport
- Emergency paper sheets with important info
- bnb location, office location, meetup location, embassy location
- julio's contact details, Nichola's and Jose's, home
- flight details
- booking details
- Camera and film rolls
- Anti transfer towels for washing machine
- Riñonera
- Jamon

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@ -37,7 +37,7 @@ Ya he recibido los 28K. A partir de ahora, entrar, observar y esperar.
- 2025-11: [X] - ETF
- 2025-12: [X] - MSTR
- 2026-01: [X] - MSTR
- 2026-02: [ ]
- 2026-02: [X] - ETF
- 2026-03: [ ]
- 2026-04: [ ]
- 2026-05: [ ]

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12
hojas/20260130.md Normal file
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@ -0,0 +1,12 @@
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fecha: 2026-01-30
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Es de noche y estoy en mi airbnb de San Salvador. Después de unos días centrado en el trabajo con Galoy, esta tarde me he dado el lujo y me he acercado al meetup que organizaba Lunaticoin en San Benito. Ha sido un buen rato.
Allí he conocido a Evelyn Lemus, la impulsora de Bitcoin Berlín. Nicolas y yo hemos estado charlando un buen rato con ella. La muchacha era el pedazo de cielo más humilde y campechano que uno se pueda echar en la cara. Tenía pensado invertir el domingo, mi único día libre, en ir al Zonte. Pero que le den a la playa de los gringos. Me voy a pegar la paliza de conducir hasta allí para verlo con mis propios ojos.
Siento la urgencia de ayudar. Evelyn me ha explicado que hacen unos cursos de Bitcoin e Inglés para jovenes, con algunos becados. Creo que le propondré a Eli que hagamos la beca Marmas para jovenes promesas de Bitcoin Berlín.
Cómo me gustaría que Eli estuviese aquí conmigo.

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hojas/20260202.md Normal file
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fecha: 2026-02-02
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Hoy es el último día de mi viaje de trabajo a El Salvador. He pensado que estaría bien hacer una breve crónica, para poder recordarlo bien en el futuro.
Salí de Barcelona el sabado pasado, día 24 de enero. Cogí un vuelo a Madrid, donde hice escala para coger otro avión. En mi escala tuve que coger el trenecito que le lleva a uno entre la terminal 4 y la 4s. El tren no tiene conductor, y el extremo del vagón de cabeza tiene simplemente un gran cristal a través del que puedes ver el túnel perfectamente. Además, el túnel está relativamente iluminado. Con todo, me dió la sensación de que estaba en una escena de la novel de Metro 2033.
Cogí mi vuelo de Madrid a Guatemala. Tuve que armarme de paciencia: el vuelo duraría trece horas. A mi lado izquierdo había una familia centro americana: él y ella, y su retoño de tres años. El crío se porto como un campeón, y no dio por culo en ningún momento. Me dió esperanza ver que es posible volar con un niño tan pequeño sin que sea un gran drama, porque quizás algún día toque hacerlo con Sofía. El vuelo fue un peñazo, y cuando llegamos a Ciudad de Guatemala yo estaba hecho pizcos.
Aterrizamos en Ciudad de Guatemala y tuve que salir del avión. Tenían que cambiar de tripulación y limpiarlo antes de seguir con el siguiente vuelo, por fin ya a San Salvador. Me di un paseo por la terminal y me tomé un café de Starbucks que me costo unos 30 quetzales. Que terrible debía ser tener que andar cambiando de monedas en cada aeropuerto antes de que tuviésemos tarjetas de crédito.
Pasada una hora, despegamos de nuevo y por fín llegamos a San Salvador. Observé como el aeropuerto tenía luces, vigas y otros elementos de un azul cobalto intenso. Se nota que han querido dejarlo bonito y patriota. Al bajar del avión me dió la impresión de ser un aeropuerto pequeñito pero bastante moderno. Desde luego, no es una mierda minúscula y tercer mundista como el aeropuerto de Marrakech o el de Trat.
Al poco de salir del avión, antes del control de pasaporte, me encontré con un peculiar rincón que tenía una escultura con la B de Bitcoin, blanca y de unos tres metros de alto. Al lado, un televisor con un nodo conectado mostraba la instancia de Mempool.space hosteada por el Gobierno de El Salvador, y había un par de butacas y libros de Bitcoin. Un cartel enorme al pie de la B gigante decía: WELCOME TO BITCOIN COUNTRY.
Pasé rápidamente por control de pasaporte sin mayor problema y me fuí a recoger mi equipaje. O más bien a intentarlo: después de media hora hipnotizado viendo la cinta pasar, un chavalito de tierra de Iberia vino a anunciarnos a mí y a dos desgraciados más que ya no habían maletas, y que teníamos que rellenar papeles para reclarmar. Yo en ese momento llevaba ya casi 24 horas despierto y estaba para cortar cabezas, pero el muchacho fué amable.
Mientras esperaba en la cinta mi compañero José me escribió para informarme de que el muy cabrón había reagendado la recogida del coche de alquiler a su llegada, y que me buscasé la vida con un Uber. Me conseguí uno y arrancamos el camino. El uber era un japanse shitbox pequeño, muy viejo, y que olía a aceite viejo mal quemado que daba gusto. El conductor tenía pinta de latin king macarrilla y rápidamente puso musica dance de los 2000 a toda mecha. Así hicimos la carretera con pretensiones de autopista que cubre los 40 kilómetros en el aeropuerto y San Salvador. Al fín llegué al edificio Avitat One, donde se escondía el tesoro que yo más anelaba: mi cama. Tras dejar mis datos en la garita de seguridad me dejaron pasar. Usé el código que me dieron para la cerradura electrónica del apartamento (qué cómodo es, estoy pensando si ponerlo en Barcelona), y me tiré en la cama sin ni siquiera haber cenado algo.
A la mañana siguiente, tocó ponerse en marcha ágil: estaba muerto de hambre, me faltaba el 90% de mi equipaje y estaba en territorio comanche. Menos mal que papá me había dado un fajo de dólares antes de salir de Barcelona. Salí para acercarme al supermercado más cercano, y me agencié algo de comida. También aprovecha para comprarme unos calzoncillas, camiseta y calcetines miserables de mercadillo. Hay que recordar que en este punto llevaba ya más de 36 horas con la misma ropa puesta.
Volvía a casa, me desayuné un par de filetes con huevos fritos y aprendí a usar la cafetera americana del airbnb. Con eso, una ducha y un cambio de ropa, la vida empezó a coger otro color.
Pero necesitaba más cosas. Al día siguiente tenía que trabajar, posiblemente reuniéndome con clientes, y yo no sabía ni cuando ni si iba a llegar mi maleta. Cogí un uber a un centro comercial que me recomendó Nicholas, el Multiplaza. Quedé sorprendido al llegar: el centro comercial era grande, moderno y tenía todo tipo de cosas. No tenía absolutamente nada que envidiarle a cualquier centro comercial de Barcelona. Hasta tenía un Decathlon, tan idénticamente organizado y dispuesto como los de Barcelona que por un momento fué como estar de vuelta en casa. Pasé por Decathlon, Calvin Klein, Old Navy y una tienda de bambas cualquiera. Me sorprendió ver como los productos de las marcas internacionales son mucho más caros en El Salvador que en España. Las Nike por las que pagué 98$ se pueden conseguir en España por 40€.
Con las compras hechas, el siguiente problema era recargar el fajo de dolares. En el centro comercial había dos cajeros de Chivo, el sistema del gobierno. Intenté usarlos y todo era simple e intuitivo, pero no conseguía hacer funcionar la verificación de mi número móvil. Tras rendirme con mi teléfono español, le pedí a Nicolas que me ayudase haciendo de intermediario. Funciono sin más, y pude mandar mis sats. Sorprendentemente, el cajero funcionaba con una dirección onchain en lugar de con lightning. Tras enviar mis sats a la dirección, aguante el aire unos segundos, y los billetes de veinte dólares empezarón a llover. 500 dólares sin KYC en mi mano. Una maravilla. En Barcelona, la gente lloraría.
Con el dinero en el bolsillo, ya había cumplido todos mis objetivos en el centro comercial. Me cogí otro Uber y me volví para Avitat One.
Después de instalar mis nuevos cacharros, subí al apartamento de Nicolas. Allí estaba él, y también su mujer Belynda y la bebita Laura. En el instante en que ví a Belynda, mi mente no pudo pensar nada más que que se parece muchísimo a Angela de The Office. Laura era una bebita chiquitina, con los ojos de un azul muy profundo. Comí con ellos y estuvimos charlando tranquilamente. Noté que a Nicolas le cansa tener conversaciones doomer sobre Europa. Imagino que ya la da por perdida y simplemente le aburre darle vueltas al tema. Sinceramente, a mí también me empieza a aburrir.
Con un T-bone entre pecho y espalda, decidí gastar la tarde en darme un paseo hasta el centro histórico. El centro quedaba carajo de lejos, pero decidí pegarme la pateada para ver un poco de realidad Salvadoreña. Me quedaron claras unas cuantas cosas: la primera es que el urbanismo de San Salvador es un híbrido peculiar entre el urbanismo caótico del tercer mundo y el estadounidense. La ciudad está cortada por grandes autopistas que pasan como cortafuegos que le cierran el paso a todo lo que no sea un coche. La gente tiene que andar haciendo temeridades para cruzarlas. Hay casitas pequeñas por todas partes, apenas hay edificios que se eleven más de dos plantas. Todas las casas y negocios parecen búnkers: su construcción es una reacción arquitectónica al hecho de que la calle era un lugar hóstil hasta ser mortífero. Imagino que llevará muchos años que vuelvan a confiar en la calle como para tener porches en la entrada de sus casas. San Salvador también tiene alguna especie de rieras que lo cruzan, con dimensiones notables. Uno está caminando por la ciudad y repentinamente pasa por un puente, con un vacío de veinte o treinta metros debajo, por el que circula un hilillo de agua y varias toneladas de mierda urbana. Otro toque tercermundista es que la gente tiene pocos tapujos con invadir la vía pública: los edificios están apurados lo máximo posible hacia el asfalto, dejando "aceras" anecdóticas. Y tanto las aceras como los vados acaban haciéndose extensión del edificio: siempre que pasa uno delante de un taller mecánico hay que echar a caminar por el asfalto para darle el rodeo a las montañas de coches abiertos, llantas y herramientas que hay desperdigadas. Cuando estaba a unas diez manzanas del centro histórico, empezarón a aparecer con cada vez más frecuencia los vendedores ambulantes y los pequeños puestos callejeros. Alrededor del centro histórico hay un par de mercados, bastante al estilo de los mercados de alimentos de Chiang Mai: edificio grande y feo, con techos altos, densamente poblado de todo tipo de comercios. Laberínticos y claustrofóbicos, sin apenas luz, y con olores de los que te obligan a respirar por la boca.
Finalmente llegué a la plaza Gerardo Barrios. Allí encontré el Palacio Nacional, la iglesia principal y la famosa biblioteca patrocinada por China. Lo único realmente bonito era el Palacio, pero como no estaba para mucho turismo no entré. Si entré en la biblioteca nacional, carcomido por la curiosidad ya que había leido algo sobre el proyecto cuando lo finalizarón hace un par de años. Me valieron cinco minutos dentro para ver que es un gran mojón, con energía muy magnánime y poca sustancia. La biblioteca está forrada de seguridad, y al entrar te revisan las bolsas que lleves. Una vez entrás, te encuentras con una peculiar recepción sobredimensionada (el escritorio daría para al menos cincuenta recepcionistas) y... una zona de juego para niños enorme. Plantamente toda la planta baja es una especie de chiquiparc. Ese domingo, estaba plagado de familias y niños, con el consecuente ruido, que poco pegaba con la idea de una biblioteca. Subiendo plantas, la cosa era cada vez mas Kafkiana: encontré un rincón dedicado a Star Wars, otro a El Señor de los Anillos... Hasta había uno con pantallas enormes, de como mínimo sesenta pulgadas, con unos críos jugando al Minecraft en ellas. Apenas había unas pocas mesas en la última planta a la que accedí con gente haciendo lo que uno haría realmente en un biblioteca.
Finalizado mi volteo por la biblioteca, di una vuelta por los alrededores de la plaza y las calle aledañas. Las calles estaban llenas de Salvadoreños pasando la tarde, tomando helados, paseando. Apenas habían unos pocos turistas. Se nota mucho que este país casi no tiene turismo a día de hoy. En la plaza Gerardo Barrios había una muchacha que alquilaba bicicletas, patinetes, coches a pedales y otros cachibaches de transporte con propulsión humana. Simplemente para hacer el cachirulo por la plaza. Los críos daban vuelta a la plaza felices, como si les hubiese dado un chupito de absenta y una raya de coca.
Con el sol ya cayendo (en San Salvador anochece rápido), me agencié un Uber de vuelta a Antiguo Cuscatlán, y comí unas pupusas con Nicolas, Belynda y Laura en la que todo el mundo dice es la pupusería favorita de Bukele. La verdad es que quedé bastante decepcionado: las pupusas me parecieron una pasta insípida y harinosa, con poco relleno y mucha pan (por llamarlo de alguna forma). Si el país progresa y la economía de sus ciudadanos se vuelve más poderosa, no creo que tarden mucho en desterrar la pupusa como plato nacional por algo que no sea un llena tripas de pura supervivencia.
El lunes por la mañana atendí a la daily y luego me fuí a entrenar a la salita gimnasio del edificio un rato. La sala tenía suelo blando, kettles de varios tamaños, barras de dominadas con un TRX y anillas, agarraderas de flexiones, un cajón y un saco. La verdad es que tener una sala así en el edificio donde vives es una maravilla. También fué la primera vez que entrene con mi nuevo Casio. Es fantástico tenerlo en la muñeca para medir los descansos.
La jornada laboral progresó aburrida y normal.

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